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Un día, Dios decidió complacer la petición de un artesano, que constantemente le pedía una entrevista. Así que lo citó a las tres de la tarde en la capilla de la falda de la montaña. El artesano no durmió en toda la noche, nervioso por encontrarse con Dios. Antes de amanecer ya estaba preparado para el viaje. Se puso sus mejores ropas y emprendió el camino. Al doblar una curva vio a un campesino con el carro atascado en un barrizal. -Écheme una mano, buen hombre- le dijo el campesino. -Con gusto lo haría-le contestó el artesano-, pero si me detengo llegaré a una cita con Dios, lo siento. Al pasar frente a una choza muy pobre, se encontró con una mujer que lloraba desconsoladamente. -Se muere mi hijo. Por favor, señor, vaya a avisar al médico -Lo lamento, señora, pero tengo una cita con Dios y no puedo llegar tarde-. Y siguió su camino Llegó a la capilla y se sentó a esperar. Pasaba el tiempo, y Dios no aparecía. De pronto oyó una voz: -En vez de esperarte, decidí salir a tu encuentro. Dos veces te hablé, pero no me reconociste. Yo estaba en el campesino del carro y en la mujer que tenía a su hijo enfermo. |
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